“Por céus nunca antes navegados.” *.

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“Por cielos nunca antes navegados”…
en aquella Puebla de los Ángeles.
Verso del poeta portugués Luiz de Camões

La mañana del 5 de febrero del año de 1909, un sorprendente objeto volador sí identificado (e intrépidamente tripulado, por si fuera poco), surcaba sigilosamente los transparentes aires de la Puebla de los Ángeles causando un inusitado revuelo entre sus habitantes.

Había, por supuesto, que informarlo de inmediato a la familia, a los niños, sobre todo, y salir de prisa a las calles, levantar los ojos, asombrarse, y avistar el extraño artefacto silencioso en aquellos “cielos nunca antes navegados”.

Se trataba, estrictamente, de un aeróstato (¡madre mía!), que haciendo uso de vanguardistas invenciones intentaba alentar la afición al arte de fumar: “antes morir que no fumar tabaco”, rezaba una frase de la época. Y otra más: “El cigarro adormece el dolor y puebla la soledad de mil imágenes graciosas”, afirmaba George Sand, Amandine Aurore Lucile Dupin, Baronesa Dudevant. ¡Vaya usted a saber a qué variedad de hojas de tabaco se refería la virtuosa dama!

La Fábrica “El Buen Tono, S. A.” nos decía así, de esa celeste manera, que los mejores cigarrillos eran, sin duda alguna, los de su marca “Alfonso XIII”.

En la toma estereoscópica, enmarcando al cuasi mágico aparato, es posible apreciar la magnífica traza urbana de la Ciudad de Puebla. Así la describía Ernest de Vigneaux en su libro de viaje escrito medio siglo antes del acontecimiento que observamos:

“Sus calles son anchas, rectas, limpias, cuidadosamente empedradas con guijarros redondos, dispuestos simétricamente y flanqueadas de buenas aceras. Las casas son altas y bien construidas; muchas fachadas, así de habitaciones particulares, como monumentos públicos o religiosos, están adornadas con azulejos.” **

Poco antes del horizonte también se divisa la presencia eterna, majestuosa, de “La Malinche”, la montaña que de manera insuperable termina de dibujar el paisaje con una suave y decidida línea ascendente, así como, entre tantos espacios habitados, la Torre trunca de la Iglesia de Santo Domingo, que destaca entre el tejido arquitectónico de la Puebla de los Ángeles.

Por fortuna para nosotros, aquel día estaba ahí Mariano Tagle Calderón (1867-1951), en una de las torres de la Catedral de Puebla, con su cámara fotográfica de gran formato, estereoscópica. Apostado con antelación, pudo capturar en varias oportunas, documentales e históricas tomas, que actualmente forman parte del Acervo de la Fototeca Antica, el formidable suceso nunca jamás imaginado… “por céus nunca dantes navegados”.

Continuará.

Jorge Carretero Madrid.

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